viernes, 8 de julio de 2016

ESTADOS UNIDOS Y SUS CONSPIRACIONES OCULTAS POR SU PRENSA

1.- El Vaticano y Estados Unidos se Unieron para Financiar el Golpe de Estado de Pinochet en Chile.

Entre los cables secretos de la era Kissinger destaca el que pone por escrito los esfuerzos de la Santa Sede, representada por el número dos del papa Pablo VI, Giovanni Benelli, por defender al régimen militar chileno y por negar su represión, cuya denuncia atribuyó a la "propaganda comunista" pese a estar acreditada hasta por prelados conservadores de la Iglesia.

Todos sabíamos que la Iglesia católica colaboró con el régimen militar de Augusto Pinochet en Chile, y que toleró los crímenes de lesa humanidad de su régimen dictatorial, pero toparse con un documento en el que se expone por escrito cómo el número dos del Papa (en ese momento, el venerado por "progresista" Pablo VI) apoya en nombre del Pontífice el golpe de Estado contra la democracia en Chile, constituye un descubrimiento periodístico de primera línea.

Tal como esta misma madrugada deja patente La Repubblica, uno de los 15 medios de comunicación del mundo que participa (conPúblico) de la exclusiva de Wikileaks, el sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, Giovanni Benelli, expresó a los diplomáticos norteamericanos (el 18 de octubre de 1973 y en un encuentro que nada tenía que ver con ese tema) "su grave preocupación, y la del Pontífice, sobre la exitosa campaña internacional izquierdista para falsear completamente las realidades de la situación chilena".

En aquella fecha, Benelli era en la práctica el número dos del Papa, puesto que el secretario de Estado, el cardenal Amleto Giovanni Cicognani, era demasiado anciano para cumplir con la mayor parte de sus funciones y había entregado el cargo a su sustituto. Así que ese florentino (nacido en el pueblo de Vernio, muy cercano a la cuna de Maquiavelo) trabajó estrechamente durante un decenio con su antiguo maestro, Pablo VI. Hasta ganarse el apodo de "Kissinger del Vaticano" por su agresiva, casi autoritaria, gestión al frente de la diplomacia de la Santa Sede.

Alianza entre Nixon y Pablo VI

Tan importante era Benelli en el Vaticano que fue él quien recibió en persona a Richard Nixon al pie del helicóptero en el que el presidente de EEUU aterrizó en la Plaza de San Pedro en 1969 para sellar la alianza anticomunista entre la Casa Blanca y la Santa Sede que dio origen a los más crueles golpes militares en América Latina.

Tras el golpe de Estado de Pinochet, "Benelli tildó la exagerada la cobertura de los acontecimientos [en Chile] como posiblemente el mayor éxito de la propaganda comunista, y subrayó el hecho de que incluso los círculos moderados y conservadores parecían muy dispuestos a creer las mentiras más burdas sobre los excesos de la Junta chilena", escribió en su informe la Embajada de EEUU en Roma, en un cable clasificado "SECRETO" y con el código "EXDIS" de máxima reserva.

"Al darse cuenta de que la caída de Allende era uno de los mayores reveses para la causa comunista, dijo Benelli" (tal como expone el cable diplomático estadounidense ROME10729), "las fuerzas izquierdistas han minimizado ampliamente los daños al convencer al mundo de que la caída de Allende fue debida exclusivamente a fuerzas fascistas y externas, en vez de a los fallos de su propia gestión política, como realmente ocurrió. Benelli expresó sus temores de que el éxito de esta campaña de propaganda comunista pueda influir en los medios de comunicación del mundo libre en el futuro.

En cuanto a la represión del régimen militar pinochetista, el número dos de Pablo VI sentenció: "Como es natural, desafortunadamente, tras un golpe de Estado, hay que admitir que ha habido algún derramamiento de sangre en las operaciones de limpieza en Chile, pero la Nunciatura en Santiago, el cardenal Silva y el Episcopado chileno en general han asegurado al Papa Pablo que la Junta está haciendo todo lo posible para que la situación vuelva a la normalidad y que las historias de los medios internacionales que hablan de una represión brutal no tienen fundamento".

Además, Benelli (que fue candidato a Pontífice tras las muertes de Pablo VI y de Juan Pablo I) alegó que no se podía poner en duda "la validez ni la sinceridad de la interpretación del cardenal Silva" porque, en su opinión, dicho prelado, era "uno de los más destacados progresistas dentro de la Iglesia".

Después, Benelli reconoce que "el Papa ha estado bajo dura presión interna en la Iglesia, especialmente desde Francia, para hablar contra los excesos de la Junta" de Pinochet. Y que "pese a los esfuerzos del Vaticano, la propaganda izquierdista ha tenido un éxito notable incluso con algunos de los cardenales más conservadores y con prelados que parecen incapaces de considerar la situación con objetividad. El resultado es que los izquierdistas han logrado crear una situación en la que el Papa sería atacado por los moderados si defiende la verdad en Chile".

Más aún, "el Vaticano está convencido, y la Nunciatura ha confirmado, que durante los últimos meses del Gobierno de Allende, la Embajada de Cuba estaba sirviendo como arsenal para distribuir armas fabricadas en Europa del Este a los obreros chilenos", afirma Benelli.

El informe secreto de la Embajada de EEUU ante el Vaticano termina con una corta frase, sin duda restando importancia al tema puesto que lo deja para el final: "El Vaticano informó la semana pasada a un intermediario izquierdista de que el Papa no podría recibir a Isabel Allende, y Benelli cuenta con que esto provocará nuevas críticas contra el Vaticano.

La extraña Muerte de Juan Pablo I

En 1978 Albino Luciani o Juan Pablo I muere tras haber ocupado únicamente un mes la silla del Papa. Debido a una escueta investigación y a la negativa de realizar una autopsia se dictamina que la muerte se debió a causas naturales. En el transcurso de pocos años, morirían Roberto Calvi y Michele Sindona, los “banqueros” del Papa, cuyas conexiones con el Vaticano a través del Banco Ambrosiano serían rumor durante años e inspirarían a Francis Ford Coppola para su tercera entrega de El Padrino.

Juan Pablo I llegó al Vaticano para regenerar a su Iglesia. En 1972, siendo cardenal de la diócesis de Venecia, Albino Luciani descubre en un encuentro con el poderoso cardenal Marcinkus, encargado de la administración vaticana, que había vendido la Banca Católica del Véneto al Banco Ambrosiano de Roberto Calvi sin consultar al obispado de esa región, es decir, el propio Luciani.

Cuando llega a Roma preguntando por qué la Iglesia se deshacía de una banca que se dedicaba a ayudar a los más necesitados con préstamos a bajo interés, el entonces sustituto del secretario de estado, Benelli, le cuenta que existe un plan entre Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus para aprovechar el amplio margen de maniobra que tiene el Vaticano: “evasión de impuestos, movimiento legal de acciones”. La reacción de Luciani es de una enorme decepción: “¿Qué tiene todo esto que ver con la iglesia de los pobres? En nombre de Dios…” preguntó Luciani. Benelli, le interrumpió con un “no, Albino, en nombre del dividendo”.

De acuerdo a las investigaciones emprendidas por la Justicia italiana, el estado Vaticano fue durante más de una década un paraíso fiscal. Se enviaba el dinero a cuentas en Suramérica (sobre todo Argentina) y Centroamérica. Ésta sería la baza que intentaría jugar el General Noriega cuando se vio invadido por su otrora benefactor, Estados Unidos: se refugió en la embajada vaticana de Panamá.

Según quedó demostrado en el juicio, a principios de los años ochenta, la conexión Banco Ambrosiano-Banco Vaticano fue la puerta a través de la cual Licio Gelli, vinculado a la mafia de Estados Unidos y agente secreto norteamericano, entró a formar parte del núcleo de personas influyentes en la Santa Sede. El Cardenal español López Sáez, quien escribió el libro “El Día de la Cuenta” hace suya una cita de Pablo VI en relación con estos hechos: “el humo de Satanás entró en la Iglesia”.

En el libro de Camilo Bassoto “Mi corazón está todavía en Venecia”, se transcriben las siguientes palabras del Papa Luciani: “sé muy bien que no seré yo el que cambie las reglas codificadas desde hace siglos, pero la Iglesia no debe tener poder ni poseer riquezas. Quiero ser el padre, el amigo, el hermano que va como peregrino y misionero a ver a todos, que va a llevar la paz, a confirmar a hijos y a hermanos en la fe, a pedir justicia, a defender a los débiles, a abrazar a los pobres, a los perseguidos, a consolar a los presos, a los exiliados, a los sin patria y a los enfermos”.

Juan Pablo I llega al Vaticano con la intención de destituir al cardenal Marcinkus y renovar íntegramente el Banco Vaticano. “Aquella que se llama sede de Pedro y que se dice también santa no puede degradarse hasta el punto de mezclar sus actividades financieras con las de los banqueros. Hemos perdido el sentido de la pobreza evangélica. Hemos hecho nuestras las reglas del mundo”.

Según relata Camilo Bassoto, periodista veneciano y amigo personal de Juan Pablo I, “pensaba tomar abierta posición, incluso delante de todos, frente a la masonería y la mafia, publicar cartas pastorales sobre la mujer en la iglesia y la pobreza en el mundo”. Luciani quería, en definitiva, revisar toda la estructura de la Curia, como relata Coppola en El Padrino III. No es extraño, por tanto, que hombres como Marcinkus no le recibieran de buen grado.

Contrariamente a los pronósticos Luciani accede al papado en 1978, por encima de un polaco. Desde el momento en que accedió al puesto de Pedro, Juan Pablo I hizo constantes predicciones de que su papado sería corto. El obispo John Magee que, en un principio, se dijo fue quien descubrió el cadáver, recuerda en el libro de Cornwell “Un ladrón en la noche: la muerte del Papa Juan Pablo I”: “Estaba constantemente hablando de la muerte, siempre recordándonos que su pontificado iba a durar poco.”

El propio Magee, secretario personal de Juan Pablo I, y amigo de Marcinkus, cuenta que, poco antes de morir, el papa le dijo: “Yo me marcharé y el que estaba sentado en la Capilla Sixtina en frente de mí, ocupará mi lugar”. Según parece, Juan Pablo II confirmó a Magee que, en el momento de la elección, él se encontraba casi de frente a Luciani.

Unos días antes de morir el papa, otro suceso luctuoso poco conocido tuvo lugar muy cerca de él. El entonces “número dos” de la iglesia ortodoxa rusa, Nikodim, muere tras tomarse una taza de café en el transcurso de un entrevista con el papa romano. Este no aclarado suceso generó una reacción anticatólica en Rusia tan honda que la herida no ha sido cerrada hasta hace pocos muchos años. El cúmulo de “casualidades” previas a su muerte no se cierra ahí.

Los hermanos Gusso, camareros pontificios y hombres de la confianza del papa, fueron destituidos unos días antes de su fallecimiento, a pesar de la oposición del secretario papal, Diego Lorenzo. Al parecer, también por esos días una persona logró introducirse en los aposentos del papa, dejando en evidencia la falta de seguridad en el Vaticano.

Para acabar de redondear todos estas extrañas señales, un médico vaticano comentó al Papa días antes de su muerte que “tenía el corazón destrozado” (el papa no le hizo ningún caso). Tanto Marcinzus como el también cardenal Ugo Poletti, que iban a ser destituidos de sus cargos, hicieron similares comentarios antes de su muerte: “¡Qué barbaridad! ¡Parece agotado!”

Llega el Papa Polaco

Con estos antecedentes, Juan Pablo II alcanza el obispado de Roma en un año 1978 plagado de acontecimientos trágicos. En realidad, como queda expuesto en el libro ‘El Día de la Cuenta’ del cura español López Sáez, Wojtyla había sido promocionado a esas esferas a lo largo de la década de los setenta nada menos que por Estados Unidos. Con la ayuda de una profesora universitaria bien conectada, Wojtyla fue introducido en los círculos próximos al poder a través del cardenal de Filadelfia, Krol y del político Brzezinski, ambos, de ascendencia polaca.

Éste último, oscuro personaje ligado a Henry Kissinger, sería consejero de seguridad del presidente Carter y se cartearía con Wojtyla a menudo siendo ya Papa. Así pues, la política exterior del Vaticano sufrió un cambio de 180 grados a raíz de la defunción Juan Pablo I. Con la llegada de Reagan al poder, la conexión entre el Vaticano y la Casa Blanca se haría todavía más estrecha, eligiendo el ex actor a sus representantes de política exterior entre católicos; una vía más para aproximarse a la Santa Sede.

La conexión entre el Vaticano, los Estados Unidos y la Mafia vendría propiciada por la máxima obsesión desde que Wojtyla llega al poder: acabar con el comunismo, el sistema en el que había vivido y que todavía reinaba en su patria. Según diversas investigaciones reflejadas en el libro de López Sáez, todavía con Juan Pablo II en el poder del Vaticano se desviarían fondos ilegalmente para la financiación del Sindicato Polaco Solidaridad.

Reagan aportó 500 millones de dólares de ayuda para Lech Wallesa. El general Vernon Walters, recientemente muerto fue quizá él quien ayudó a la elección de Wojtyla y puede que fuera cómplice en la muerte del papa Luciani. El mantuvo estrecha relación con el Papa tras mostrarle unas fotos sobre la intención de la Unión Soviética de intervenir en su amada Polonia. Richard Allen, que fue consejero de seguridad del presidente Reagan, afirmó que “la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más grandes alianzas secretas de todos los tiempos”.

Al parecer, la alianza venía de mucho tiempo atrás. Según afirma López Sáez en su libro “El día de la cuenta”, Vaticano-Estados Unidos-mafia siciliana-cosanostra habían convergido en oscuras alianzas en la era fría, al unirles un enemigo común: el comunismo. Sostiene Sáez apoyándose en libros como “El fantasma del pasado”, de Flamigni, que la mafia siciliana fue una especie de gobierno secreto estadounidense al finalizar la II Guerra Mundial, establecido para impedir la extensión del comunismo.

Como se demostró en el sumario abierto contra Roberto Calvi, el Banco Ambrosiano habría sido un trampolín al servicio de la CIA y la mafia para distribuir cantidades astronómicas con la complicidad de las ventajas fiscales del Vaticano a paraísos como Panamá o Nassau, que después servirían para financiar todo tipo de operaciones secretas (asesinatos, golpes de estado) fundamentalmente en América Latina.

En El Salvador y Nicaragua, se cometerían precisamente algunos de los más tristes atentados contra clérigos católicos de finales del siglo XX: Ellacuría y cinco jesuitas más (1989), Monseñor Romero (1980). Curiosamente, Juan Pablo II había despachado a Monseñor Romero unos meses antes de su muerte en una audiencia en torno a las violaciones de los derechos humanos con un “no me traiga muchas hojas que no tengo tiempo para leerlas… Y además, procure ir de acuerdo con el gobierno”. Como relata López Sáez, Monseñor Romero salió llorando de la audiencia papal, mientras comentaba “el papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia”.

El Ejemplo de Aldo Moro

El asesinato del presidente italiano Aldo Moro, curiosamente, también en 1978, el año de la muerte de Juan Pablo I, puede servir para documentar mejor su muerte y el posterior atentado a Wojtyla.

El entonces líder del partido democristiano italiano había decidido saltarse una de las normas de la política italiana de la era fría: la mañana en que es secuestrado por el grupo de izquierda radical, las Brigadas Rojas, se disponía a formar gobierno con los comunistas. El 2 de mayo del mismo año, Mino Pecorelli publica en su revista: “la emboscada de Vía Fani lleva el sello de un lúcido superpoder. El objetivo primario es, sin más, el de alejar al partido comunista del área de poder en el momento en que se da el último paso, la participación directa en el poder.

El cerebro director que ha organizado la captura de Moro no tiene nada que ver con las Brigadas Rojas tradicionales. El comando de vía Fani expresa de forma insólita pero eficaz la nueva estrategia política italiana”. Lo cierto es que ni la policía ni los servicios secretos parece que se esforzaron demasiado en liberar al presidente de gobierno de Italia, que moriría el 9 de mayo, tras 55 días de secuestro.

El mismo Pecorelli escribe el 17 de octubre en su revista “el ministro de policía lo sabía todo, sabía incluso donde estaba preso”. El 16 de enero de 1979, Pecorelli anuncia nuevas revelaciones pero dos meses después es asesinado: dos disparos y una piedra en la boca, por hablar. El miembro de Brigadas Rojas Prospero Gallinari reconoce que contaron con tutela externa en la realización del atentado: “Entonces había quien debía buscarnos y, sin embargo, no lo hacía porque era de la P2, porque les convenía la muerte de Moro”. El general Giovanni Romeo, jefe del departamento del servicio secreto militar en aquella época, dijo a la comisión parlamentaria antiterrorista instituida en los años ochenta: “cuanto todos hablaban de afrontar el terrorismo mediante infiltraciones, el Departamento D ya lo había hecho”.

Como demuestra López Sáez, los agentes de la logia P2 –al servicio de la CIA, no lo olvidemos– estaban infiltrados en los servicios secretos italianos, amén de tener habituales contactos con la mafia siciliana en asuntos como el tráfico de drogas y de armas, de donde salían los fondos para pagar golpes de estado y paramilitares en América Latina, fundamentalmente (el escándalo Irán-Contra del coronel North demostraría posteriormente estas suposiciones). De fondo estaba la frontal oposición de los Estados Unidos a que los comunistas alcanzaran el poder en Italia.

Un encuentro de Aldo Moro con el todopoderoso Henry Kissinger, siendo todavía ministro de Asuntos Exteriores italiano, es relatado de la siguiente manera por la viuda de Moro: “es una de las poquísimas veces en que mi marido me relata con precisión lo que habían dicho sin revelarme el nombre de la persona…’ Honorable, usted debe dejar a un lado su plan político para llevar todas las fuerzas de su país a colaborar directamente. Aquí, o usted deja de hacer su plan o lo pagará caro. Entiéndalo como quiera”. La suerte de Moro y la del papa Luciani parecían ir unidas en aquel 1978.

El Papa Juan Pablo I, elegido en ese mismo año 1978, había decidido que la iglesia no debía entrometerse en asuntos político. Teniendo en cuenta la poderosa influencia que la Iglesia había tenido en la orientación del voto hacia la democracia cristiana, no extrañará el interés por verle desaparecer. William Colby, jefe de la CIA entre 1973 y 1976, declaró en sus memorias que “la mayor operación polítida asumida por la CIA fue prevenir el avance comunista en Italia en las elecciones de 1958, impidiendo así que la OTAN fuese amenazada políticamente por una quinta columna subversiva: el PCI”.

En aquella época, el dinero sucio penetraba en la política italiana en todos los partidos políticos, llegando a corromper también al partido socialista. Según denuncia el periodista alemán Jürgen Roth “Bettino Craxi, entonces presidente de la nación y de los socialistas italianos, fue corrompido con millones de dólares de la P2. De acuerdo con los planes de la P2, en sus cuatro años en el cargo aseguró mediante decretos del Gobierno, entre otras cosas, el imperio mediático del miembro de la P2, Silvio Berlusconi”.

2.- Estados Unidos y sus Alianzas con Vietnam del Norte y Alemania en Plenos Conflictos Bélicos.

Me he quedado perplejo luego de escuchar al Profesor Antony C Sutton. Estamos refiriéndonos a un Doctor de la Universidad de Southampton, a un investigador de la Universidad de Stanford, a un miembro prominente de la Fundación Hoover. Profesor de economía en la Universidad California Los Ángeles UCLA, Por sus antecedentes estamos citando a una fuente muy confiable.

Mientras los soldados de Estados Unidos luchaban contra los norvietnamitas, su país le vendía todo el material bélico a la Unión Soviética, que apoyaba a Vietnam del Norte en su guerra contra Vietnam del Sur, que era defendida por Norteamérica. ¿De qué estamos hablando? ¿De que Estados Unidos le vendía armas al enemigo para matar a sus soldados? Solamente gente sin sentimientos y llenos de ambiciones y rodeados de corrupción se permiten ganar millones de dólares aunque mueran miles y miles de sus compatriotas.

Al referirse a la Segunda Guerra Mundial, ya mi perplejidad se convirtió en odio. Estados Unidos tenía fábricas en Alemania durante el conflicto, entre ellas una de Henry Ford en Colonia. Esta fábrica proveía de diferentes vehículos a los nazis para su abastecimiento. Colonia fue destruida en su totalidad, pero la fábrica de Ford nunca fue tocada. El Doctor Sutton menciona otras fábricas de su país que tenían sus instalaciones en territorio alemán y jamás sufrieron daños.

El combustible que usaban los aviones, tanques y todo tipo de coches y las industrias germanas que fabricaban diferentes cosas para poder combatir fue proveído por USA. La financiación de Hitler para ganar las elecciones fue de USA. Sutton entrega contundentes pruebas que hasta 1944 el propio Himmler recibía dinero estadounidense. ¿Para qué?. El Partido Nazi fue creado por el dinero de Estados Unidos.

Tras conocer los casos de Vietnam y de Alemania, qué podemos pensar del 11 de septiembre y de Pearl Harbor. Si usted es un interesado en la verdad escuche la entrevista completa. Incluso informa sobre las conexiones de los medios de comunicación con los diferentes gobiernos de su país para ocultar los graves delitos que han cometido.

Sutton señaló que en un seminario de la Fundación Hoover denunció el apoyo a la URSS y a Alemania y repartió la documentación a todas las agencias de noticias. Todas ellas se negaron a difundirlas. Fue despedido de sus cátedras universitarias.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario