viernes, 12 de agosto de 2016

CONFINAMIENTO DE ALEMANES......PARTE 4

En contraste con el caso nipón, la investigación sobre la etnia germana e itálica arriba a muy diferentes conclusiones, argumentando que el racismo desempeñó un papel menor en el confinamiento de ‘nacionalidades enemigas’ europeas. Como se indicó anteriormente, la mayoría de publicaciones presenta a los Estados Unidos como una nación que favorecía la inmigración europea y daba trato preferencial a las minorías de ese continente. Dower reflejó el escepticismo de buena parte del ambiente erudito en el sentido de que casi toda la población japonesa fue castigada pese a que no había evidencia de espionaje, mientras que pocas personas germanas fueron confinadas, a pesar de la existencia de 20.000 afiliaciones a la filo-nazi German American Bund (Liga Germano-Estadounidense). 

Karen Riley alega que, incluso, se aceptaron afiliados al Bund en las fuerzas armadas de EEUU (Riley, 23). James Dickerson ha llegado al extremo de decir que EEUU tenía pocas razones para castigar a la población germana, ya que ambas partes compartían presuntamente las mismas ideas de una raza blanca superior (Dickerson, 119). El ‘blanquismo’ estadounidense se da por sentado en general, un blanquismo que incorporaba a todas las personas europeas y discriminaba contra ‘no-blancos’, como las personas de ascendencia africana o asiática. Se reconoce de manera muy limitada la amplia discriminación padecida por inmigrantes de filiación germana o itálica en los Estados Unidos, que llegaron en gran número al mismo tiempo que la inmigración desde Asia a finales del siglo 19 y comienzo del siglo 20. 

Si bien los escritos históricos señalan someramente los estereotipos imperantes en EEUU sobre la gente italiana y germana, la mayoría concluye que la sociedad estadounidense finalmente reconoció que ambos grupos estaban dentro de los parámetros culturales de Estados Unidos. En círculos eruditos se considera mayoritariamente que el ‘blanquismo’ o ‘blancofilia’ estadounidense explica por qué la población germana e italiana fue sometida a confinamiento solo individualmente y con enfoque especial en extranjeros ilegales, mientras que la población japonesa fue erradicada casi por completo.

Si bien el gobierno de EEUU sospechaba de todas las nacionalidades enemigas, la sociedad yanqui podía simpatizar con gente blanca europea más fácilmente que con la japonesa, debido al legado europeo de su país. Muchas publicaciones sobre ítalo-estadounidenses señalan que el gobierno se sentía reacio a deportar a personalidades como Joe DiMaggio o Frank Sinatra por la simple razón de que la gente de ascendencia italiana era parte importante de la vida yanqui. Como prueba del trato preferencial de personas blancas en confinamiento, muchos estudios señalan el hecho de que el gobierno de EEUU decidió poner en libertad a toda la población de ascendencia italiana el ‘Día de Colón’ de 1942, para celebrar el papel integral desempeñado por italo-estadounidenses en la historia de la blanca nación americana (DiStasi, 21). 

En el mismo sentido, la mayoría de las publicaciones recalcan el hecho de que el sistema político de EEUU dependía fuertemente del voto de inmigrantes de ascendencia germana o itálica, de sindicatos de trabajadores, clubes sociales y grupos de presión política en los estados orientales de Estados Unidos. Estas circunstancias confirman el concepto que se tiene en medios eruditos de que la mayoría de ascendencia italiana y germana era aceptada como parte integral y componente auténtico de la sociedad estadounidense. Esto coadyuva a explicar por qué las personas germanas confinadas fueron recluidas en campos de confinamiento propios construidos para ‘criminales de guerra’, siendo deportadas para 1948. 

La población nipona confinada, que había sido un objetivo en su conjunto, pudo reincorporarse a la sociedad después de que se confirmara su autenticidad estadounidense mientras se encontraban en campos de reubicación. La gente germana confinada, en cambio, fue recluida individualmente, porque cada una era considerada ‘criminal de guerra’ para la que no había lugar en la sociedad estadounidense. 

Como prueba adicional de que no se apuntó a las nacionalidades enemigas europeas sobre bases raciales, un sector de la historiografía señala que se confinaron personas judías junto con germano-estadounidenses. Stephen Fox y John Christgau han señalado que un incierto número de personas judías, como Otto Trott, ex-interno de un campo de concentración nazi, no podían comprender por qué, después de haberse evadido del Tercer Reich, caía sobre sus personas la sospecha de ser simpatizantes nazis, por lo que fueron enviados a campos de confinamiento (Christgau, 60 y Fox 2000, 122). El hecho de que se confinara a personas judías junto con germanas significa que la raza desempeñaba un papel mínimo en buscar objetivos ‘germanos’. 

En otras palabras, si el gobierno estadounidense apuntaba específicamente a la población germana por razones raciales, no habría excluido (sic!) a otros grupos étnicos o raciales, como las personas judías que huyeron de Alemania. La razón de que se incluyera a muchas personas judías en el programa de confinamiento se debía a que eran consideradas ‘extranjeros ilegales’ de lealtad nacional sin verificar. 

Al igual que las personas de etnia germana, eran nacionales de un país en guerra con Estados Unidos. Estos factores sugieren que el confinamiento de personas germanas fue inducido mayormente por temor a extranjeros enemigos y sus nacionalidades ambiguas, independientemente de su ascendencia étnica. A diferencia del caso de la población nipona, a quien se puede haber tenido en la mira por razones de raza, el gobierno de EEUU puso su atención en la gente germana por considerarla de nacionalidad peligrosa más bien que por su raza.

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