sábado, 18 de febrero de 2017

DESDE UN PRINCIPIO UNA SARTA DE MENTIRAS

HANS-PETER FIRBAS

El 30 de septiembre de 1938 se firmaron LOS ACUERDOS DE MÜNCHEN.  En esa cita estuvieron presentes los jefes de gobierno de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, con el objeto de solucionar la Crisis de los Sudetes.

Wikipedia señala:

Por mediación de Benito Mussolini (y a iniciativa de Hermann Göring), el primer ministro británico (Arthur Neville Chamberlain) y su homólogo francés (Édouard Daladier) aprobaron la incorporación de los Sudetes (pertenecientes a Checoslovaquia) a Alemania, debido a que la mayor parte de sus habitantes eran de habla alemana. Ningún representante de Checoslovaquia estuvo presente. 


El Reino Unido y Francia se mostraron complacientes con los deseos de la población alemana de los Sudetes y consideraban este acuerdo como una revisión parcial del Tratado de Versalles. Especialmente se pretendía evitar una nueva guerra, a pesar de poner en gran peligro la existencia de Checoslovaquia. Los acuerdos fueron firmados en el edificio muniqués llamado entonces Führerbau y que en la actualidad alberga la Hochschule für Musik und Theater München (Escuela Superior de Música y Teatro de Múnich).

Primero: Los Sudetes siempre fueron territorio de Alemanía y por esa razón casi toda su población era de habla alemana, entre ellos mis familiares. Hitler no invadió Checoslovaquia. Los gobiernos británico y francés firmaron LOS ACUERDOS DE MÜNCHEN, aprobando la devolución a Alemania de su territorio confiscado.

Segundo: Toda la historia habla de la invasión alemana a Checoslovaquia. MENTIRA.

Tercero: Todos hablan de la anexión o invasión de Alemania a Austria. Austria es Alemania. Inclusive Hitler nació en Austria y llegó a ser Canciller de Alemania. Además la anexión fue por voto democrático de los habitantes austriacos.






Comenzando entonces, las mentiras de una supuesta invasión de Alemania a Austria y a Checoslovaquia eran simples manipulaciones periodísticas e históricas. Tras esos dos sucesos, Hitler hizo denodados esfuerzos por evitar la guerra. El Presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, envió un telegrama al canciller germano manifestando lo siguiente:

“Su Excelencia Adolf Hitler,

Canciller del Reich Alemán,

Berlín, Alemania

Estoy seguro que usted puede darse cuenta, que en todo el mundo cientos de millones de seres humanos viven hoy con el temor constante de una nueva guerra, o incluso de una serie de guerras.

La existencia de este temor y la posibilidad de un conflicto son de interés sin ninguna duda para la población de los Estados Unidos en cuyo nombre hablo, aunque también debe ser para los pueblos de las otras naciones de todo el hemisferio occidental. Todos ellos saben que cualquier guerra importante, aún si estuviera limitada a otros continentes, tendrían un gran peso en el transcurso de su vida y también en la vida de las generaciones venideras.

Debido al hecho de que después de la aguda tensión en la que el mundo ha estado viviendo durante las últimas semanas, pareciera que hay por lo menos un relajamiento momentáneo, porque en la actualidad no hay movimientos de tropas, es por lo tanto, un momento oportuno para que le envíe este mensaje.

En una ocasión anterior me he dirigido a Usted en aras del apaciguamiento político, económico, y de los problemas sociales usando medios pacíficos y sin recurrir a las armas.

Pero la marea de los acontecimientos parece haber vuelto a la amenaza de las armas. Si continúan esas amenazas, parece inevitable que gran parte del mundo participe en la ruina común. Todo el mundo, las naciones vencedoras, las naciones vencidas y las naciones neutrales, van a sufrir las consecuencias. Me niego a creer que el mundo es, por necesidad, como un prisionero de su destino. Por el contrario, es evidente que los dirigentes de las grandes naciones que tienen el poder para liberar a sus pueblos del desastre inminente. Es igualmente claro que en sus propias mentes y en sus propios corazones, los propios pueblos desean que sus temores terminen.

Es, sin embargo, infortunadamente necesario tomar conocimiento de los hechos recientes.

Tres naciones de Europa y uno en África han visto su existencia independiente terminada. Un vasto territorio de otra nación independiente del Lejano Oriente ha sido ocupada por un Estado vecino. Los informes, que espero que no sean ciertos, insisten en que se están contemplando nuevos actos de agresión en contra de otras naciones independientes. Claramente, el mundo se está moviendo hacia el momento en que esta situación terminará en una catástrofe, a menos que se encuentre una forma más racional de conducir los acontecimientos.

Usted ha afirmado reiteradamente, que usted y el pueblo alemán no tiene ningún deseo de ir a la guerra. Si esto es verdad no habrá necesidad de una guerra.

Nada puede convencer a los pueblos de la tierra que cualquier poder gobernante tiene el derecho o la necesidad de infligir por su cuenta las consecuencias de la guerra a cualquier otro pueblo, salvo debido a causas de evidente defensa propia.

Al hacer esta declaración, nosotros los estadounidenses no hablamos por egoísmo o por miedo o por debilidad. Si hablamos ahora es con la voz de la fuerza y por la amistad hacia la humanidad. Todavía está claro para mí, que los problemas internacionales se pueden resolver en la mesa del conferencias.

Por lo tanto, no hay respuesta al pedido de debate pacífico por una parte para pedir que a menos que se reciban seguridades, de antemano, de que el veredicto les será favorable, no dejarán de lado las armas. En las salas de conferencias, como en los tribunales, es necesario que ambas partes inicien la discusión de buena fe, asumiendo que la justicia sustancial beneficiará a ambas partes, y es habitual y necesario que dejen las armas fuera de la sala mientras conferencian.

Estoy convencido de que la causa de la paz mundial avanzaría grandemente si las naciones del mundo obtuvieran una declaración franca en relación con el presente y el futuro de la política de los gobiernos.

Debido a que los Estados Unidos, como una de las naciones del Hemisferio Occidental, no está involucrado en las controversias que han surgido hace poco en Europa, confío en que usted pueda estar dispuesto a hacerme, como jefe de una nación muy apartada de Europa, tal declaración de su política, con el fin de que yo, actuando sólo como un amigable intermediario, pueda comunicar esa declaración a otras naciones en estos momentos temerosas en cuanto al curso de la política que su Gobierno puede tomar.

¿Está dispuesto a ofrecer garantías de que sus fuerzas armadas no atacarán o invadirán el territorio o posesiones de las siguientes naciones independientes: Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Suecia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Gran Bretaña e Irlanda, Francia, Portugal, España, Suiza, Liechtenstein, Luxemburgo, Polonia, Hungría, Rumania, Yugoslavia, Rusia, Bulgaria, Grecia, Turquía, Irak, las Arabias, Siria, Palestina, Egipto e Irán.

Esta garantía debe aplicarse claramente no sólo para el día de hoy, sino también para un futuro lo suficientemente largo como para dar a cada uno la oportunidad de trabajar con métodos pacíficos para lograr una paz más permanente. Por lo tanto, sugerimos interpretar la palabra “futuro” para aplicarla a un período mínimo de seguridad de los años de no-agresión de por lo menos diez años hasta cuando menos un cuarto de siglo, si nos atrevemos a mirar tan lejos.

Si esta garantía fuera dada por su Gobierno, la que deberá remitirla inmediatamente a los gobiernos de las naciones que he nombrado, yo podría simultáneamente preguntarles si, como estoy razonablemente seguro será, cada uno de los países enumerados, a su vez den similares garantías para transmitírselas a usted.

Las garantías recíprocas, como las he señalado, traerán al mundo una medida de inmediato alivio.

Propongo que si se dan, dos problemas esenciales deberían ser rápidamente discutidos en las inmediaciones de la paz resultante, y en esos debates el Gobierno de los Estados Unidos estaría encantado de participar.

Las discusiones que tengo en mente se refieren a la manera más efectiva e inmediata a través del cual los pueblos del mundo pueden obtener alivio progresivo de la aplastante carga de armamento que está llevando cada día más de cerca al borde de la ruina económica. Simultáneamente, el Gobierno de los Estados Unidos estaría dispuesto a participar en los debates mirando hacia la forma más práctica de la apertura de avenidas para el comercio internacional a fin de que todas las Naciones de la tierra puedan ser activadas para poder comprar y vender en igualdad de condiciones en el mercado mundial, así como poseer seguros para obtener los materiales y productos para llevar una vida económica pacífica.

Al mismo tiempo, los otros Gobiernos además de los Estados Unidos y que están directamente interesados, podría emprender tales discusiones políticas según lo consideren necesario o conveniente.

Reconocemos los problemas complejos del mundo que afectan a toda la humanidad, pero sabemos que el estudio y discusión de los mismos debe realizarse en un ambiente de paz. Este ambiente de paz no puede existir si las negociaciones se ven eclipsadas por la amenaza de la fuerza o por el temor a la guerra.

Creo que usted no malinterpretará el espíritu de franqueza con el que envío este mensaje. Los Jefes de grandes gobiernos en esta hora crucial, son literalmente responsables del destino de la humanidad en los próximos años. Ellos no pueden dejar de oír las oraciones de sus pueblos a estar protegidos contra el caos previsible de la guerra. La historia los hará responsables por la vida y la felicidad de todos, incluso hasta de los más pequeños.

Espero que su respuesta será posible para que la humanidad pierda el miedo y recupere la seguridad por muchos años por venir.

Un mensaje similar está siendo dirigido al Jefe del Gobierno Italiano.

Franklin D. Roosevelt”

UN TELEGRAMA LLENO DE FALACIAS Y AMENAZAS


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