lunes, 20 de febrero de 2017

REVELADOR DOCUMENTAL TRADUCIDO AL ESPAÑOL POR PRIMERA VEZ (1)

HANS-PETER FIRBAS

Por primera vez, el documental de David Vondracek, MUERTOS POR LOS CHECOS, se está traduciendo al español por quien les escribe. Este documental sólo se ha visto en la República Checa y en Alemania y nunca ha sido mostrado en otro país ni traducido a otro idioma. Por otra parte, nadie me lo tiene que contar, ya que mi familia fue parte de esta historia

HABLAMOS DESPUÉS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN TIEMPOS DE PAZ

Cuando se produjo la ocupación de los Sudetes por tropas del Ejército Rojo el nuevo Presidente Edvard Benes proclamó: “Los alemanes y los húngaros no son seguros”. Aquello ya condenaría millares de vidas inocentes. Los primeros incidentes hacia alemanes fueron agresiones y palizas. Pero el Estado no tardó en empeorar las cosas, pues se obligó a los alemanes a llevar distintivo por la calle, a impedirles salir de sus casas en determinadas horas, a la prohibición de andar por las aceras y supresión de servicios religiosos o médicos. 

A continuación las propiedades alemanas como granjas y espacios agrícolas fueron confiscadas. Protestar por estos atropellos era considerado falta leve y se penaba al ciudadano alemán con diez latigazos, mientras que si era grave se le fusilaba directamente. Mi familia simplemente perdió todo. Algunos de ellos murieron, pero muchos de los vecinos de los Firbas declararon ante las autoridades que ellos no eran nazis y por el contrario eran checos de corazón. Eran mis abuelos y sus cuatro hijos.

La capital Praga, en la que vivían 500.000 alemanes fue un infierno para ellos. En primer lugar, después de llegar los rusos, se escogió a varios soldados alemanes que fueron atados a farolas y quemados vivos. Estamos hablando de sucesos que ocurrieron luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945. Ya no había guerra. Ya se había firmado la paz.

Pero algo sorprendente ocurrió con la llegada del Presidente Edvard Benes, pues para recibirlo se organizó una ceremonia pública en la Plaza de Wenceslao donde muchos alemanes fueron colgados de pies bajo paneles publicitarios y rociados con gasolina. Sin embargo, el plato fuerte ocurrió el 18 de Mayo al ser ametrallados en el Estadio Municipal de Praga unos 5.000 soldados SS alemanes, aunque la guerra ya no existía.

La masacre en Saaz fue de la más sangrienta. Solamente en esa ciudad se ametralló a 3.000 vecinos civiles alemanes. En Bokowitz los ciudadanos alemanes fueron linchados públicamente por soldados y civiles checos, matando delante de sus padres a los niños de 10 años y después a los adultos, pero como muchos no morían por las palizas se les rociaba con ácido clorhídrico sobre las heridas y huesos rotos para provocarles una muerte más agónica. En Brno se llevó a que más de 250 mujeres se suicidaran.

En Iglau se hizo caminar desnudos a 350 civiles por la noche durante un trayecto de 33 kilómetros. Uno a uno fue cayendo de cansancio o por el frío, a otros se los remató a culatazos de fusil. Pero peor fue el destino del antiguo alcalde de Iglau, pues al dictaminar el tribunal que lo juzgó a muerte, su sentencia se realizó en la misma sala del juicio abriéndole el cuerpo con un bisturí, por supuesto sin anestesia, mientras lanzaba alaridos de dolor que le provocaron las roturas de las cuerdas vocales antes de fallecer. Ante estas muertes agónicas que contemplaron otros ciudadanos, cerca de 1.200 alemanes decidieron no pasar por ello y se suicidaron.

Se abrieron diversos campos de concentración para ciudadanos alemanes en toda Checoslovaquia. En el campo de Hagibor había 1.200 prisioneros, la mayoría mujeres, violadas hasta 45 veces por día. Otro campo, el de Kladnow, los guardias recubrían las espaldas de los presos de alquitrán hirviendo mientras se les golpeaba con porras.

En ese mismo lugar en Mayo de 1945 ocurrió la matanza de varios soldados alemanes heridos a los que se condujo a un llano y se les lanzó por diversión granadas de mano que explotaban y mataban con la metralla. Había más campos, como el de Moraska-Ostrava. Todo en tiempo de paz.

Las mujeres alemanas de Checoslovaquia sufrieron humillaciones públicas de todo tipo. Se las decía: “De rodillas putas alemanas” y cuando lo hacían les cortaban los cabellos con bayonetas. Si alguna se desmayaba se la echaba un cubo de agua helada encima para despertarla y seguir con la labor. Se las rompían las costillas o les cortaban trozos de pies. Las embarazadas sufrían más que nadie, pues mujeres checas y judías las apaleaban con porras hasta hacerlas abortar. A muchas cautivas en los campos se las hacía comer excrementos de los muertos infectados de disentería.

Casi 3 millones de alemanes fueron expulsados a pie de los Sudetes y Chequia en general. En los Sudetes murieron 250.000 germanos y en los campos de concentración checos unos 175.000, lo que elevó la cifra a 425.000 alemanes exterminados por Checoslovaquia. Entre esos tres millones estaban mis abuelos Heinrich Firbas y su esposa Hermma Brick, mi papá Johann y sus hermanas Sissy, Heidi y Edith. Los cuatro hijos menores de 12 años.

Como anécdota, un grupo de judíos que logró escapar a Estados Unidos le rindió un homenaje a la abuela Brick, quien con valentía y coraje escondió en su propiedad en Checoslovaquia a decenas de judíos, que al final salvaron sus vidas gracias a ella. Mi padre odiaba a los nazis y siempre me lo repetía. Lo peor es la venganza contra gente inocente.

Mi abuelo escondió en sus ropas unas láminas de oro, un prendedor de corbata y un anillo, también de oro. Llegaron a Austria sin nada más, sin ropa, sin hogar, sin una vida de decenas de años que tuvieron en Checoslovaquia. Otros miembros de mi familia huyeron a Eslovaquia, Eslovenia y hasta se vieron obligados a cambiar de apellido y de documentación. A los otros nunca más los vieron.

Soy consciente que las injusticias están al orden del día. Pero cuando le toca a uno recién reacciona. Para mí esta es sólo una injusticia más y estaré siempre alerta de cualquier otra para denunciarla. Tuve la gran suerte de recibir una educación alemana, en la que antes que nada está el amor a tu país, a tu compatriota y a la justicia.

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