viernes, 28 de abril de 2017

CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2017 de la Libertad de Prensa | ¿Un gran giro?

(C) REPORTEROS SIN FRONTERA

La edición 2017 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras (RSF) muestra la gravedad de los ataques contra los medios de comunicación, así como el triunfo de los ‘hombres fuertes’, que han hecho que el mundo –y en particular, las democracias– entre en la era de la ‘posverdad’, la propaganda y la represión.

I.-  La caída de las democracias y la llegada de los ‘hombres fuertes’

La Clasificación Mundial que publica RSF muestra que la situación de la libertad de prensa podría dar un gran giro, sobre todo en los países democráticos (leer el análisis El periodismo, debilitado por la erosión democrática). Parece que ya nada detendrá la caída que desde hace varios años experimentan las democracias. La obsesión por la vigilancia y el hecho de que no se respete el secreto de las fuentes periodísticas contribuyen a que numerosos países que antes tenían una buena calificación, desciendan en la tabla, como es el caso de Estados Unidos (puesto 43º, -2), Reino Unido (40º, -2), Chile (33º, -2) o Nueva Zelanda (13º, -8).

La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos y la campaña del Brexit en el Reino Unido han sido como una caja de resonancia para el media bashing (ataques a la prensa) y los muy tóxicos discursos contra los medios de comunicación, han hecho que el mundo entre en la era de la “posverdad”, la desinformación y las noticias falsas.

De forma paralela, en todos los lugares donde ha triunfado el paradigma de hombre fuerte y autoritario retrocede la libertad de prensa. La Polonia (puesto 54º) de Jaroslaw Kaczynski pierde siete posiciones en la Clasificación de 2017. Tras haber transformado al sector audiovisual público en herramienta de propaganda, el gobierno polaco se propuso asfixiar económicamente a diversas publicaciones independientes que se oponían a sus reformas. La Hungría de Víktor Orbán baja cuatro puestos (71º); la Tanzania de John Magufuli, 12 (83º). Turquía (155º, -4), tras el fallido golpe de Estado contra Recep Tayyip Erdogan, ha dado definitivamente un vuelco: ahora se ubica al lado de los regímenes autoritarios y es la mayor prisión del mundo para los profesionales de los medios de comunicación. Mientras tanto, la Rusia de Vladimir Putin permanece anclada en la parte inferior de la Clasificación, donde ocupa el lugar 148.

“El gran giro que experimentan las democracias produce vértigo en todos aquellos que piensan que sin una libertad de prensa sólida, no pueden garantizarse las otras libertades”, señala Christophe Deloire, Secretario General de Reporteros Sin Fronteras. “¿A dónde nos llevará esta espiral infernal?”, se pregunta.

II. Noruega, primer país de la Clasificación 2017; Corea del Norte, el último

En el nuevo mundo que se perfila, donde prevalece la tendencia a la baja, incluso quienes siempre fueron ‘buenos alumnos’, los países nórdicos, han tenido tropiezos: Finlandia (3º, -2), que llevaba seis años consecutivos a la cabeza de la Clasificación, pierde el primer puesto a causa de las presiones políticas que sufrieron los periodistas y a los conflictos de interés registrados. Su lugar lo ocupa ahora Noruega (1º puesto de la tabla, +2), que no forma parte de la Unión Europea. Un duro golpe para el modelo europeo.

En segundo lugar se encuentra Suecia, que asciende seis posiciones. Aunque los periodistas siguen sufriendo amenazas, las autoridades han enviado señales muy claras condenando a los autores de dichas agresiones en varias ocasiones durante 2016. La colaboración entre algunos medios de comunicación, sindicatos de periodistas y la policía es un avance en la lucha contra dichas amenazas.

Al otro extremo de la Clasificación se encuentra Eritrea (179º) –país que autorizó a los medios de comunicación extranjeros a entrar en su territorio por primera vez en 2007 y bajo extrema vigilancia–, que dejó de ocupar el último lugar en la Clasificación para dar paso a Corea del Norte. El régimen norcoreano sigue manteniendo a la población en la ignorancia y el terror. Por el simple hecho de escuchar una radio localizada en el extranjero, un ciudadano puede ser enviado a un campo de concentración. Entre los últimos de la lista también se encuentran Turkmenistán (178º), una de las dictaduras más herméticas del mundo, en la que la represión de los periodistas no deja de intensificarse, y Siria (177º), sumergido en una guerra interminable, y que sigue siendo el país más mortífero para los periodistas, asediados por un dictador sanguinario y por grupos yihadistas (leer análisis Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2017: un mapa del mundo cada vez más sombrío).



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