sábado, 13 de mayo de 2017

LENGUAJE RADIAL VERSUS LENGUAJE TELEVISIVO

LENGUAJE RADIAL:

Las peculiaridades del medio radiofónico condicionan la expresión hablada. El periodista radiofónico debe ser consciente de la fugacidad del mensaje. El oyente no puede volver a escuchar lo que se está contando, no puede comprobar si ha entendido bien la información. Su única opción es escuchar el texto en el momento, en el orden y con el ritmo que establece el locutor.

Por tanto, escribir para la radio implica saber utilizar adecuadamente el principal instrumento del periodista: la palabra. Para ello, se tendrán en cuenta las características básicas del lenguaje hablado y sus exigencias:

1.- Claridad: se trata de hacer asequible la expresión porque existe el riesgo de interrumpir la asimilación mental de los mensajes si se adoptan códigos que requieren esfuerzos reflexivos y por tanto, tiempo de descodificación (comprensión). Lo concreto, en forma activa y presente. En radio son necesarias las formas que más “vitalizan” las imágenes y los relatos. En casos de equivalencia semántica, mejor las formas simples que las compuestas, el presente que el pasado, la frase activa que la pasiva.

2.- Brevedad: las exigencias del tiempo, la necesidad de facilitar la asimilación y la fugacidad del mensaje obligan a la radio a construir mediante periodos y frases breves que aseguren la comprensión. El periodista radiofónico está obligado a dominar la ortografía, la morfología, la sintaxis y un vocabulario rico.

Debe saber escribir y narrar pero además debe adaptar su escritura y narración al ritmo, cadencia y entonación requeridos en cada momento. A estas características debe unirse el matiz de la expresión personal. A través del micrófono, lo que se pierde desde el punto de vista plástico se gana en los matices de expresión exclusivos del sonido y en la posibilidad de testimonios personalizados a través de la voz; es lo que se puede denominar tono comunicativo, necesario tanto en informativos como en programas.

La voz, la música, los efectos y el silencio son los elementos sonoros que determinan la capacidad expresiva. La armonía de todos ellos en torno a un contenido interesante será la que permita sostener el relato radiofónico. Así, captar la atención y el interés del público y hacerlo con la gramática adecuada al medio y al mensaje será la principal exigencia del periodista radiofónico.

LENGUAJE TELEVISIVO

Con un discurso que se nutre de distintas narrativas audiovisuales es posible hablar de lenguaje televisivo. Está determinado por su naturaleza visual y auditiva. En él se conjugan el lenguaje visual o imágenes (lenguaje del cine), el lenguaje auditivo verbal y no verbal (lenguaje radiofónico) y el lenguaje periodístico sobre las informaciones, noticias y reportajes.

Si reconocemos cierto orden y reglas que rigen la puesta del mensaje televisivo, heredados de los lenguajes ya mencionados y adaptados a su condición de producción.

1.- Fragmentación: los distintos programas pierden autonomía por la franja publicitaria. Ellos son presentados en bloques. Son parte de un todo y deben considerar su valor como unidad, al presumir la incorporación de televidencia, que requiere de resúmenes o reiteraciones de contenidos en bloques anteriores, para capturar su atención.

2.- Apertura o Cierre: el propio espectador determina la duración del mensaje. La práctica del “zaping”, las transmisiones permanentes y las repeticiones son condiciones materiales de la relación entre el medio y el televidente.

3.- Espectacularidad: su ingrediente esencial es el espectáculo. Es la relación de un espectador expuesto a la exhibición de una escena. Una relación donde el espectador concurre al llamado, por diversas fuentes de interés, intención y voluntad, a la entrega de puestas en escena, en las que se sostienen o alimentan varias formas de lenguaje. La espectacularidad está situada como una forma exacerbada de ciertos elementos de estos lenguajes para una captura en el tiempo del espectador: la música, las luces, el color o su ausencia, la imagen, el ritmo, etc.

El discurso televisivo transmite códigos ideológicos tradicionales. Si revisamos las premisas reglamentarias de la televisión, nos daremos cuenta de los valores, aunque muy generales, con los cuales se construye el discurso televisivo.

4.- Banalización de Contenidos: al estar la televisión determinada por las condiciones de financiamiento requiere de las mejores y altas televidencias. Surge así la “necesidad” de generar un discurso apreciable por todos, un mensaje que sea entendido por las grandes masas de consumidores, instala la puesta en circulación de discursos con una mínima profundidad y máxima extensión de temas. Los avisadores no invierten en publicidad para programas de baja expectación. Programas demasiado específicos no son franjas de interés para los avisadores, prefieren una programación masiva y totalizante.

5.- Predominio de lo Emocional sobre lo Racional: los programas televisivos presentan mecanismos que se estructuran de forma narrativo-testimonial, mediante imágenes y relatos, que apuntan a un modelo lúdico-afectivo, modelo opuesto al modelo racional-analítico.

6.- La palabra en la Televisión: aunque la imagen posea la mayor fuerza en el mensaje televisivo, propio de soportes audiovisuales, donde el contexto y texto están determinados por la narración de la imagen y el sonido, el lenguaje verbal cumple la función de acompañamiento, que refuerza, valora, comenta e interpreta.

El mensaje verbal debe ser: conciso y entregar la información en pocas palabras, evitando las reiteraciones innecesarias. Claro y preciso: deber ser de fácil comprensión para todo espectador. Amplio, al evitar el lenguaje muy especializado, ya que los contenidos se dirigen a todos los espectadores. Dinámico con un lenguaje ágil y con entonaciones diversas, para no provocar cansancio y distracción.


Hans-Peter Firbas



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