sábado, 21 de julio de 2018

La Guerra Psicológica es un arma ofensiva y defensiva.

La guerra psicológica puede llevarse a cabo mediante dos escuelas: la norteamericana y la alemana. El estilo alemán, al que hay que agregar el actual estilo soviético, es más profundo, más doctrinario, y llega por lo tanto más hondo al espíritu de las masas, combatientes o no. La propaganda, para esos estilos, es meramente un aspecto mecánico de la guerra psicológica: un elemento subsidiario, no intrínsecamente fundamental.

Porque, repito, el objetivo primo de la guerra psicológica es crear, en el o los adversarios, un clima mental, una serie de senti­mientos que, conduciéndolos por las sucesivas etapas del miedo, del pánico, de la desorientación, del pesimismo, de la tristeza, del desaliento, en fin, los lleve a la derrota

EL MIEDO. — Vamos a considerar en seguida la incidencia que tienen el miedo y la rabia en el estado anímico de los individuos.

El miedo es un estado psíquico reflejo, establecido pues inconscientemente, incontrolable, que paraliza las actividades de la guerra y detiene asimismo toda defensa. Se produce cuando el instinto de conservación se ve acosado por un hecho exterior que amenaza la integridad física o moral del individuo. El que tiene miedo, ya se sabe, pierde toda posibilidad de defenderse. Este estado psíquico del miedo atraviesa por distintas etapas ascendentes: la prudencia, la cautela, la alarma, el temor controlable, la ansiedad que puede hacerse angustiosa y hasta desesperada, el pánico y, finalmente, el terror.

La prudencia se manifiesta porque la gente comienza a ser parca en sus expresiones y a mantenerse discreta: es la primera etapa del miedo.

Lo que posiblemente originó la gran fortaleza del frente interno alemán fue la seguridad y la precisión de las informaciones, que trasuntaban seguridad en el comando.

Otra de las causas que contribuyen a acrecentar el miedo en la población es el misterio que irradia la situación. El anuncio de que existe un arma secreta y de que se ha instaurado un régimen se difunde mediante la propaganda consistente en la multipli­cación de rumores. Por eso, los alemanes hicieron una gran pro­paganda sobre los mortales efectos de sus armas, antes de utilizar­las. Pusieron en práctica, además, el sistema de los estímulos anormales, consistentes en ruidos y otros procedimientos.

Es un hecho evidente, comprobado en la vida normal, que el silencio absoluto produce miedo, mucho más miedo que el estruendo de las bombas. El ruido absoluto no es comparable, en sus efectos sobre el miedo, con el silencio absoluto.

En algunas personas el miedo no es producido por el silencio o el ruido absolutos sino por la brusca interrupción de aquél. Hay que tener en cuenta otro factor, que es la predisposición de ciertas personas al miedo. Éstas reaccionan más fuertemente que otras, a consecuencia de poseer un temperamento menos firme o, como se dice, enérgico: éstos son los emotivos, los impresionables, los sugestionables.

La GP como arma ofensiva

Consideraremos ahora cómo actúa la guerra psicológica, en su carácter de arma ofensiva o agresiva.

Ya hemos dicho que debe provocarse el miedo en el adver­sario. Para inducir al miedo al sector antagónico, se emplean dos procedimientos. Toda la guerra psicológica ofensiva debe tender a debilitar y quebrar la moral de guerra del adversario, desbaratando su ajus­te psicológico. Todo ello debe realizarse por innúmeros procedi­mientos.


¿Cómo lo hicieron los alemanes? Pues descubriendo algo así como la piedra filosofal: estudiando a fondo, minuciosa y exhaus­tivamente la psicología —es decir la medida de la "fuerza" del es­píritu de sus grandes jefes: Moltke, Blücher, Scheimhorts, Gneisenau, etc. Del conjunto de las virtudes psicológicas de aquellos grandes conductores, dedujeron y determinaron el prototipo ideal del jefe militar alemán.

Las virtudes de este prototipo, son:


1º Completo dominio de sí mismo.

2º Poder de sugestión sobre los demás.

3º Decisiones reflexivas y rápidas.

4º Tendencia heroica y "amor a los valores puros"

hpf