lunes, 11 de julio de 2016

Después del Reich Giles MacDonogh

"El 7 de mayo de 1945, con la caída del Tercer Reich, se ponía fin a la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente, atrás quedaban casi seis años de devastación que asolaron Europa. Pero para la población civil alemana, el sufrimiento no terminaba ahí. En tanto que culpable, Alemania debía ser castigada. 

Roosevelt no pudo ser más claro: «Hay que enseñar al pueblo alemán su responsabilidad por la guerra, y durante mucho tiempo deberían tener sólo sopa para desayunar, sopa para comer y sopa para cenar». 

Más de tres millones de alemanes murieron tras el anuncio oficial del final de la guerra. A los Aliados no les tembló el pulso a la hora de aplicar los mismos métodos de represión nazis: se sucedieron oleadas de pillaje y expolio de las ciudades ocupadas, violaciones masivas -se estima en más de 200.000 los niños nacidos en 1946 producto de estos ultrajes-, se reutilizaron los campos de concentración y exterminio -incluso los más infames: Auschwitz, Sachsenhausen, Buchenwald, Dachau, Bergen Belsen-, se expulsó a más de 16.000.000 de civiles de sus hogares, apenas se repartieron alimentos entre una población famélica... Como le espetó Patton a uno de sus asistentes al descubrir el horror de Buchenwald: «¿Todavía tenéis problemas para odiarlos?»"

En un primer momento los Aliados intentaron imponer una "culpa colectiva", todos los alemanes eran culpables y tenían que ser castigados. Mientras se llevaba a cabo el proceso de "desnazificación", miles de ciudadanos alemanes morían diariamente de hambre, frío y enfermedades, en un país completamente destrozado.

En este libro, editado por Galaxia Gutenberg, Giles MacDonogh nos enseña la otra cara de la moneda. Al acabar las atrocidades de los nazis empezaron las atrocidades de los Aliados. Es un libro interesante por los datos que muestra, y llama la atención el hecho de que mientras millones de alemanes civiles sufrieron la venganza aliada, la mayoría de los líderes nazis consiguieron escapar o murieron antes de ser juzgados. Sólo unos pocos de ellos fueron ajusticiados.





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