viernes, 12 de agosto de 2016

CONFINAMIENTO DE ALEMANES......PARTE 5

Sin embargo, la investigación sobre arrestos en América Latina nos recuerda que el racismo y la exclusión de ‘nacionalidades enemigas’ iban a menudo de la mano, incluyendo a personas europeas. Entre 1939 y 1945, se trasladó por barco desde Centro América y Sudamérica a 4.058 personas germanas y 2.264 japonesas para ser recluidas en campos de internación. La mayoría de ellas fueron deportadas al ser puestas en libertad en 1945. Si el gobierno de EEUU tenía en la mira a la población germana, italiana y japonesa en el exterior, esto implica que la raza importaba más que la nacionalidad, la lengua, la ciudadanía, y la lealtad a Estados Unidos. 

Fuera de este país, la única manera de poner en la mira a personas era en base a categorías étnicas o raciales, ya que la mayoría de personas de etnia germana o japonesa en América Latina no ostentaban ciudadanía de Japón o del Tercer Reich. La mayoría de los relevamientos históricos sobre América Latina muestran una larga historia de hostilidad interétnica, una situación en la cual las poblaciones autóctonas se sentían despojadas de derechos por la desproporcionada influencia de una élite ‘extranjera’ germana o japonesa.

La comunidad nipona de Perú dominaba el setenta y cinco por ciento de la economía nacional, la industria y los mercados agrícolas (Conell, x). Por presiones de Estados Unidos, Perú, Panamá, Chile y Colombia llegaron a estar ansiosos por expulsar a las odiadas razas extranjeras que supuestamente les restaban soberanía. Max Friedman afirma que existía tanto antagonismo racial que el gobierno de EEUU fue capaz de expulsar el treinta por ciento de la población germana de Guatemala, veinticinco de Costa Rica, veinte por ciento de Colombia, y más de la mitad de la población germana de Honduras (Friedman, 3). 

Por razones aun indeterminadas, la población de etnia germana fue tratada mucho peor en América Latina que en los Estados Unidos, y se arrestó a muchas más personas de ascendencia germana que nipona. El argumento generalmente aceptado por la mayor parte del ambiente erudito en el sentido de que la gente de ascendencia japonesa sufrió desmesuradamente por causa del racismo blanco se contradice por el sufrimiento desproporcionado de las nacionalidades enemigas europeas fuera de los Estados Unidos.

La historiografía nos muestra que no podemos dejar de lado la raza como factor subyacente en el tema del confinamiento. Las categorías raciales le permitieron al gobierno separar las poblaciones según el peligro que representaban para el país. Sin vocablos étnicos, el concepto de nacionalidad enemiga no habría sido posible. Sin embargo, según concuerda la comunidad erudita en general, el tema de raza solo no explica la naturaleza del confinamiento. El gobierno de EEUU siempre manejó el factor raza, junto con otras marcas de diferenciación humana, como son la ciudadanía, la nacionalidad y la autenticidad estadounidense. 

Como muestra el antes mencionado caso de América Latina, se aplicó de diversas maneras y en contextos específicos la discriminación racial. En realidad, con frecuencia se hacía caso omiso de estereotipos raciales o étnicos cuando éstos eran contrarios a los intereses nacionales estadounidenses. Las nacionalidades enemigas podían convertirse casi de la noche a la mañana en auténticamente estadounidenses, como fue el caso de la población de ascendencia italiana en 1942 y de la japonesa después de 1945. 

Es de crítica importancia recordar que el programa de confinamiento comenzó se inició en un contexto de guerra total. En la apreciación del gobierno de EEUU, las categorías sociales cedían a los intereses económicos, mano de obra y control político que necesitaba el país para sobrevivir a la guerra. Tenía la misma importancia que la raza, la economía y la geopolítica para determinar la suerte de las nacionalidades enemigas. Por esta razón, esta ponencia pasará a analizar ahora la manera en que el estudio de la historia ha interpretado el papel de la economía en el modo en que se practicó el confinamiento.

La mayoría de eruditos está de acuerdo en que los intereses económicos incidieron en determinar el alcance de la erradicación, las poblaciones que se decidió confinar y si los grupos étnicos señalados eran un objetivo colectivo o se procedía en forma individual. La mayor parte de las publicaciones resaltan el hecho de que el gobierno de EEUU estaba muy preocupado de que el confinamiento fuera demasiado costoso y que requiriera una enorme cantidad de fuerza de trabajo. Durante una guerra total, el gobierno necesitaba cada recurso disponible. 

Llevar acero a los remotos campamentos de confinación, transportar a numerosas poblaciones, y poner en servicio a soldados estadounidenses ponía en peligro el empeño bélico. El factor raza no era razón suficiente para que el gobierno excluyera a sectores enteros de población, porque sería sencillamente contraproducente para los intereses de EEUU. Se debía excluir a las poblaciones ‘peligrosas’ solo en la medida en que fuera de beneficio para la seguridad nacional estadounidense y la economía de guerra. Este factor contribuye a explicar por qué se procedió de diferente manera en EEUU que en América Latina, por qué la gente de ascendencia italiana fue puesta en libertad en 1942, por qué en Estados Unidos se arrestó a un porcentaje relativamente pequeño de personas germanas o itálicas, y por qué se apuntó tan desparejamente a la población japonesa en el hemisferio occidental.

Muchas publicaciones señalan que las personas de ascendencia japonesa eran sometidas a mucho menor discriminación, interrogatorio y arrestos en Hawaii que en el continente, a pesar de que la invasión japonesa comenzó en las islas hawaianas. Aparte del arresto inicial de personas individuales sospechadas de espionaje, no se construyeron campos de confinamiento en Hawai y casi ninguna persona de ascendencia japonesa residente fue trasladada de las islas a Estados Unidos para su confinamiento en campos de reubicación. Su raza no era motivo suficiente para arrestar a dicha población en masa. Según la mayoría de historiadores, las razones para que el gobierno de EEUU exceptuara a Hawai radican en el papel integral que desempeñaba la población agrícola, pesquera y mercantil de ascendencia japonesa en la economía del Territorio de Hawai. 

Como se evidencia en este caso, el gobierno decidió permitir que una raza de ‘extranjeros enemigos’ considerada potencialmente subversiva permaneciera en libertad cuando redundaba en beneficio económico de la nación en tiempos de guerra total. Hasta el momento, a la erudición historiográfica le resulta poco claro por qué las consideraciones económicas eran menos aplicables a la población japonesa del continente. La mayor parte de publicaciones reconoce que la población japonesa extranjera y la ciudadanía nipona-estadounidense hicieron una significativa contribución a los mercados pesqueros, agrícolas y empresariales de California, Oregón y Washington. 

Da la impresión de que desplazar a la población japonesa de la costa del Pacífico tendría efectos muy perjudiciales para la economía de EEUU, de igual manera como en Hawai. Esta contradicción adquiere visos aún más confusos cuando se compara con la población alemana e italiana residente en Estados Unidos, la cual fue escatimada en la misma medida que la japonesa precisamente porque eran de mucha importancia para la economía de EEUU.

En general, las publicaciones sobre la confinamiento de población germana e italiana llegan a la conclusión de que la economía fue la razón principal para que se diera un trato tan diferente a las ‘nacionalidades enemigas’ europeas en comparación con la japonesa. Como en el caso de esta última, el gobierno de EEUU estaba preocupado en cuanto el drenaje financiero y de fuerza de trabajo si se desplazaban grandes poblaciones a campamentos aislados. Este problema era mucho más agudo en el caso de gente italiana y alemana. Mientras que residían solo 126.948 habitantes japoneses en Estados Unidos, había por lo menos 314.105 de ciudadanía alemana y más de 600.000 de ciudadanía italiana, mayormente sobre la costa este (Riley, 173 y Dickerson, 10). 

La población italiana era, por mucho, el grupo inmigrante más numeroso en los Estados Unidos. Había varios millones de personas de ascendencia germana e italiana con ciudadanía estadounidense. Mudar a un masivo número de personas como este, aun cuando fueran consideradas subversivas, sería sencillamente demasiado costoso. En general, las investigaciones referidas al caso italiano concluyen que la población italiana zafó del trato que se le dio a la población germana y nipona casi solamente debido al costo que insumiría el confinamiento de un masivo número de personas de ciudadanía extranjera. Basándose en el argumento planteado por la mayoría de investigadores de que la población itálica y germana era considerada como parte integral de la nación estadounidense, muchas publicaciones señalan que Estados Unidos dependía de mano de obra italiana y germana para ganar la guerra. 

Tanto gente italiana como germana (con ciudadanía estadounidense o no), constituían una fuerza vital en la industria automotriz estadounidense, en la pesca de cabotaje y en la industria manufacturera de la región norte de Estados Unidos. Los militares de EEUU dependían de los materiales producidos por nacionalidades potencialmente enemigas en el frente interno. Las consideraciones económicas y la urgencia de la guerra total determinaban que la exclusión racial fuera contraproducente. Por su papel en la guerra en la que estaba empeñado Estados Unidos, resultan ser demasiado importantes para ser erradicadas.

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