viernes, 12 de agosto de 2016

CONFINAMIENTO DE ALEMANES.....PARTE 6

La erudición historiográfica va un poco más allá al argumentar que el sistema político de EEUU dependía de las minorías germana e italiana. Debido al tamaño de las poblaciones germana e itálica, los partidos estadounidenses perderían las elecciones si apoyaran cualquier política de discriminación contra las nacionalidades enemigas europeas. Lawrence DiStasi alega que el partido demócrata necesitaba el respaldo de los sindicatos obreros del noreste de los Estados Unidos, que a menudo estaban dominados por personas de etnia germana o italiana. 

Stephen Fox y James Dickerson alegaban que el presidente Roosevelt decidió dejar en libertad a la gente confinada de ascendencia italiana principalmente porque no quería perder el apoyo electoral de votantes estadounidenses de etnia itálica al Partido Demócrata (Dickerson, 162 and Fox 1990, 100). Confinar a ‘enemigos extranjeros’ de etnia germana e italiana tendría drásticas consecuencias tanto para la economía de EEUU como también para el sistema político. Su ascendencia racial de por sí no era razón suficiente para erradicar a esa población. 

Estas avenencias no se aplicaban a la etnia japonesa, porque había mucha menos gente votante japonesa que de etnia germana o italiana. En otras palabras, al gobierno de EEUU le fue posible confinar a personas niponas con menos repercusiones que si hubiera erradicado a gente europea. Con el trasfondo de guerra total, el factor racial pasó a segundo plano después de la economía y la fuerza de trabajo. En el ámbito de la erudición, la importancia de la economía se hace aun más evidente en la erradicación de extranjeros enemigos en América Latina.

Como se mencionó anteriormente, las minorías ejercían influencia desproporcionada en la agricultura, los pequeños negocios y la industria en Perú, Panamá, Brasil, Chile y Argentina. El gobierno de EEUU estaba preocupado de que personas de etnia germana o nipona proveyeran a los países del Eje nexos estratégicos de influencia. Extranjeros enemigos podrían manipular a los gobierno locales para que suscriban acuerdos comerciales que soslayaran las compañías estadounidenses y concedieran trato preferencial a Japón o al Tercer Reich. De la misma manera, EEUU también temía que extranjeros enemigos presionaran a Estados latinoamericanos a que abandonaran su larga cooperación con Estados Unidos y dieran su apoyo a los países del Eje. Esto explica por qué se procedió contra la población de etnia germana en América Latina con más denuedo que en Estados Unidos.

A fin de cortar el flujo de recursos materiales al enemigo durante la guerra total, Estados Unidos tenía que ‘neutralizar’ compañías extranjeras que considerase hostiles. Después de 1939, Washington y los gobiernos de América Latina (excluyendo a Brasil y Argentina) acordaron regular firmas y consorcios de las minorías germana y nipona. Las empresas se neutralizaban mediante la nacionalización, bajo control gubernamental, la imposición de cuotas en cargos de decisión reservados a la población nativa y el despido de ejecutivos pertenecientes a esas minorías. 

Además del deseo estadounidense de expandir su monopolio geopolítico sobre el hemisferio occidental, muchas personas del ambiente historiográfico aducen una razón mucho más nefasta para el programa de erradicación de EEUU. Heidi Donald arguye que, al poner a las empresas bajo control gubernamental y expurgar a los ejecutivos hostiles, los mercados manufactureros y agrícolas de gran parte de América Latina quedaban ahora disponibles para inversores de EEUU y capitalistas especuladores (Donald, 248). 

En muchos casos, los puestos ejecutivos se ofrecían al mejor postor, permitiendo así a EEUU ejercer dominio directo. El gobierno de EEUU sabía que la erradicación de población germana y japonesa fortalecería la economía estadounidense, protegería la seguridad geopolítica yanqui en el hemisferio occidental, impediría que recursos críticos llegaran al enemigo, y pondría a los gobiernos de América Latina bajo dependencia de la economía estadounidense.

Como se observa en la investigación historiográfica, las prácticas de confinamiento de EEUU deben entenderse como la intersección de consideraciones económicas, políticas y de seguridad. Las categorías raciales le permitieron al gobierno de EEUU separar poblaciones ‘peligrosas’, pero no siempre se especificó por qué razón se confinaba a una población. Las ‘nacionalidades enemigas’ fueron confinadas solo en la medida en que el gobierno pudiera determinar que esa acción beneficiaría a Estados Unidos. Cuando se consideraba que la internación tendría un efecto negativo para el empeño de guerra, la erradicación étnica generalmente no ocurría. 

En Estados Unidos, erradicar a toda la población germana e italiana en la misma escala que la nipona hubiera afectado la capacidad industrial de EEUU y creado un generalizado desencanto entre estadounidenses de etnia germana o itálica, a quienes se consideraba parte integral de la sociedad, las fuerzas armadas y la economía de Estados Unidos. A la inversa, se pusieron en la mira a muchas más personas de ascendencia germana que japonesa porque era de mayor beneficio para el monopolio yanqui sobre el hemisferio occidental. 

Considerando que las categorías raciales eran tan flexibles, se aplicaban de manera distinta en diferentes contextos e incluso se dejaban de lado a favor de la conveniencia política, el factor raza por sí solo no explica plenamente por qué se puso la mira en gente de ascendencia germana, nipona e italiana para empezar. Aparte de ser descendientes de países del Eje en guerra con EEUU, hay un factor crítico que une a los tres grupos: el gobierno de Estados Unidos los percibía como ‘extranjeros enemigos’ anti-estadounidenses. La última sección del presente escrito analiza el argumento, aceptado por la generalidad en el ambiente historiográfico, de que el confinamiento fue producto tanto de la ‘autoctonofilia’ estadounidense como de un sistema de discriminación racial.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario