lunes, 20 de febrero de 2017

REVELADOR DOCUMENTAL TRADUCIDO AL ESPAÑOL POR PRIMERA VEZ (3)

(C) EURASIA

Alrededor de 3.500.000 alemanes vivían en los Sudetes desde hacía siglos, región perteneciente a Alemania y que tras la Primera Guerra Mundial había sido entregada por los vencedores al Estado de Checoslovaquia. Hitler había recuperado los Sudetes en 1938, pero ante la hecatombe del III Reich los checos decidieron robar de nuevo ese área geográfica que no les pertenecía. Y esta vez se la quedarían para siempre, pues se decidió que la población alemana fuera exterminada y expulsada para poblar las ciudades y pueblos con checos étnicos.

Cuando se produjo la ocupación de los Sudetes por tropas del Ejército Rojo y partisanos checos, estos se marcharon para dar lugar a una administración ligada a Praga y al nuevo Presidente Edvard Benes que proclamó: “Los alemanes y los magiares no son seguros”. Aquello ya condenaría millares de vidas alemanas y húngaras. A la frase siguieron por parte checa los primeros incidentes hacia alemanes como agresiones y palizas. 

Pero el Estado no tardó en empeorar las cosas, pues se obligó a los alemanes a llevar distintivo por la calle, a impedirles salir de sus casas en determinadas horas, a la prohibición de andar por las aceras y supresión de servicios religiosos o médicos. A continuación las propiedades alemanas como granjas y espacios agrícolas fueron confiscadas. Protestar por estos atropellos era considerado falta leve y se penaba al ciudadano alemán con diez latigazos, mientras que si era grave se le fusilaba directamente.

Praga, capital de Checoslovaquia en la que vivían 500.000 alemanes fue el infierno de las minorías germanas de Checoslovaquia. En primer lugar, después de llegar los rusos, se escogió a varios soldados alemanes que fueron atados a farolas y quemados vivos. Pero algo sorprendente ocurrió con la llegada del Presidente Edvard Benes, pues para recibirlo se organizó una ceremonia pública en la Plaza de Wenceslao donde muchos alemanes fueron colgados de pies bajo paneles publicitarios y rociados con gasolina. Sin embargo el plato fuerte ocurrió el 18 de Mayo al ser ametrallados en el Estadio Municipal de Praga unos 5.000 soldados SS alemanes.

El Progrom de Saaz fue de los más sangrientos, sólamente en esa ciudad se ametralló a 3.000 vecinos alemanes. En el Progrom de Bokowitz los ciudadanos alemanes fueron linchados públicamente por soldados y civiles checos, matando delante de sus padres a los niños de 10 años y después a los adultos, pero como muchos no morían por las palizas se les rociaba con ácido clorhídrico sobre las heridas y huesos rotos para provocarles una muerte más agónica. Un progrom menor en Brno llevó a que más de 250 mujeres se suicidaran.

Otro progrom ocurrió en Iglau cuando se hizo caminar desnudos a 350 civiles por la noche durante un trayecto de 33 kilómetros. Uno a uno fueron cayendo de cansancio o por el frío, a otros se los remató a culatazos de fusil. Pero peor fue el destino del antiguo alcalde de Iglau, pues al dictaminar el tribunal que lo juzgó la sentencia de muerte, se le mató en la misma sala del juicio abriéndole el cuerpo con un visturí, por supuesto sin anestesia, mientras lanzaba alaridos de dolor que le provocaron las roturas de las cuerdas vocales antes de fallecer. Ante estas muertes agónicas que contemplaron otros ciudadanos, cerca de 1.200 alemanes decidieron no pasar por ello y se suicidaron.


Civiles alemanes fusilados en una cuneta por milicianos checos.

Se abrieron diversos campos de concentración para ciudadanos alemanes en toda Checoslovaquia. En el campo de Hagibor había 1.200 prisioneros, la mayoría mujeres sometidas hasta violaciones de 45 veces por noche. Otro campo, el de Kladnow, los guardias recubrían las espaldas de los presos de alquitrán hirviendo mientras se les golpeaba con porras; teniendo lugar en ese mismo recinto en Mayo de 1945 la matanza de varios soldados alemanes heridos a los que se condujo a un llano y se los lanzó por diversión granadas de mano que explotaban y mataban con la metralla. 

Había más campos, como el de Moraska-Ostrava en el que una mujer embarzada de ocho meses fue golpeada hasta que perdió al hijo, cortándosele a continuación los senos para darla una muerte más horrible. Otro campo de concentración fue el de Freudenthal en donde se apeleaba a los reos hasta la muerte.

Las mujeres alemanas de Checoslovaquia sufrieron humillaciones públicas de todo tipo. Se las decía: “De rodillas putas alemanas” y cuando lo hacían les cortaban los cabellos con bayonetas. Si alguna se desmayaba se la echaba un cubo de agua helada encima para despertarla y seguir con la labor. Se las rompían las costillas o les cortaban trozos de pies. Las embarazadas sufrían más que nadie, pues mujeres checas y judías las apalizaban con porras hasta hacerlas abortar. A muchas cautivas en los campos se las hacía comer excrementos de los muertos infectados de disentería.

Casi 3 millones de alemanes fueron expulsados a pie de los Sudetes y Chequia en general. En los Sudetes murieron 250.000 germanos y en los campos de concentración checos unos 175.000, lo que elevó la cifra a 425.000 alemanes exterminados por Checoslovaquia.

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